<<¿Quién hablaba, entonces?>>

<<”La muerte significa estar en tercera persona”.>>

Michael Ondaatje

 

El 2020 ha sido un año atípico. Creíamos tener todo planeado o por lo menos bajo control y de repente, las cosas cambiaron; la vida cambió. Tuvimos que decirle adiós a una forma de vivir. Con miedo y sin saber hacia dónde se dirigía el mundo, enterramos nuestra vida. Un tanto cabizbajos y con algo de rabia, algo normal cuando hay pérdida, nos vimos obligados a crear una nueva vida. A reinventarnos. Las reglas del juego cambiaron. En consecuencia, fue necesario preguntarnos: ¿cómo vamos a jugar?

 

En medio del duelo por la pérdida tuvimos que abrazar la incertidumbre más que nunca. Seguir caminando a pesar de que no sabíamos hacia dónde. Resulta un tanto complejo pensar con claridad cuando vas perdiendo un 8 a 2. El 2020 nos forzó a jugar más rápido; a seguir corriendo tras el balón a pesar del cansancio; y sobretodo, nos recordó que el marcador no siempre va a nuestro favor y no por eso hay que abandonar el juego.

 

Adaptarnos a la ausencia no es del todo sencillo. Nos invade la nostalgia y la añoranza de nuestra vida pérdida. No queríamos perder el partido. Queríamos ganar. Perder es ganar. Aunque sintamos que el año se nos está yendo de las manos, todavía quedan algunos meses para que termine. Desde que comenzó la pandemia todos los días que despertamos aceptamos el reto de poder ser derrotados; sin embargo, es necesario jugar con ganas de remontar el partido.

 

Estos meses han sido cruciales para entender que necesitamos una reestructura profunda. El juego y las reglas cambiaron. Si insistimos en jugar cómo lo hemos venido haciendo no lograremos acertar ni un pase. El 2020 nos recalcó la importancia de la adaptabilidad y de la reinvención. El tiempo que hemos transcurrido encerrados nos ha dado la oportunidad de plantearnos nuevas estrategias de juego, distintas formas de anteponernos a los contratiempos y de aceptar los retos con un poco más de alegría.

 

Estoy cercana a cumplir años. Esta “vuelta al sol” me enfrentó a mi misma, me sacudió y comprendí lo que en mucho tiempo no había hecho sentido en mí. La incertidumbre y yo no nos llevamos del todo bien. Me ha costado trabajo valorar que vivir es aceptar que podemos perder. Salirse del camino te permite probar otros y conocer todas tus aristas, sean éstas las que sean.

 

Este año me perdí. Llore ante la derrota, me faltó claridad y visión, me enoje conmigo misma, quise tirar la toalla, se me quitaron las ganas de intentar. Pero lo más valioso es que me despedí de mí, enterré una vida que ya no era mía y ahora sí: estoy lista para reformarme. Para modificarnos hay que perdernos. Para reorganizarnos hay que disfrutar la derrota.