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GRABADO EN LA ETERNIDAD

GRABADO EN LA ETERNIDAD

Son pocos los nombres que trascienden en la historia, los que logran inmortalizarse como leyendas dentro del deporte. Aquellos que gracias a su talento, magia y pasión dentro del campo enamoran a millones.

Siempre que pienso en la palabra leyenda tiendo a pensar en seres míticos, inalcanzables, diferentes a todos los demás, aquellos que son capaces de trascender y ser recordados años después de su retiro o incluso su muerte.

Diego Armando Maradona es uno de ellos, el nombre trae recuerdos increíbles para quienes lo vieron jugar y respeto por parte de tanto aficionados como compañeros de profesión. Son muchas las historias que se cuentan sobre él, pero es claro que “El Pelusa” dejó su huella en el fútbol, incluso me atrevería a decir que marcó un antes y un después dentro del mismo.

No tuve la fortuna de verlo jugar, pero dicen que fue algo mítico, que nadie vivía el fútbol como lo hacía Diego dentro del campo, por lo que creo que el DIEZ se ganó su lugar dentro del Olimpo del fútbol, un tipo que nunca pudo alejarse de la pelota, por que su vida dependía de ello.

Por esto hoy lo entiendo como aficionada del fútbol, ya que una vez que te enamoras del juego más bonito del mundo no hay vuelta atrás, plantearse la vida sin él es muchas veces inconcebible, por que vives la vida misma a través de este.

Lo que más hay que admirar de Diego Armando, es su deseo de nunca manchar la pelota, por que no importaba lo que pasaba en su vida, los aspectos personales, o todas las cosas que ocurrían fuera de la cancha, su respeto por el deporte que le dio todo es lo que lo hace realmente diferente.

Para el Pibe de Oro, la pelota siempre fue primero, su respeto y amor por ella fue lo que lo llevó a convertirse en lo que fue. Los libros contarán historias sobre la leyenda, su juego único, y también lo que siempre lo rodeó, pero no mencionarán la vida que vivió a través de su más grande amor: el fútbol.

Nos diste una muy grande lección Cebollita, pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, “La pelota nunca se mancha”.

Espero poder seguir contando historias sobre este deporte como lo he hecho hasta ahora pero ahora cada vez que lo haga recordaré esta lección: muchos querrán crecer y jugar como tu lo hacías, otros tener la magia que tu tenías y otros tantos ver las cosas que tu solo podías ver, pero yo solo quiero quedarme con tu amor por este juego y la capacidad que tuviste de siempre estar a su lado.

¡ERES GRANDE DIEGO!

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