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JUGADORA DE LA VIDA

Jugadora de la vida

A los 14 años decidí que quería ser una jugadora de la vida. Hace 9 años tomé la decisión de aprender a jugar. ¿Cómo se aprende a jugar? Nada más y nada menos que jugando. El juego de la vida no siempre será limpio y yo, de manera inconsciente, quería saber cómo enfrentarme a las adversidades. Buscaba ser sensible, más no emocional, formar mi carácter, alejarme de los “gritos y sombrerazos”, quería que la paz reinara en mí a pesar de que no lo hiciera a mi alrededor. Pero, sobre todo, tenía la sensación de que no estaba completa (aún la tengo, para ser sincera). La nostalgia me invadía y mi cuerpo se creo una necesidad por recordar lo ausente. Lo anterior en palabras de una amiga que le sucede algo muy parecido a mí.

Siendo una pequeña de 14 años inicié uno de los partidos más importantes de mi vida: emprendí el camino de vuelta hacía mí. De la mano de mi eterna compañera de camino, Ana María Saldívar, di comienzo a un psicoanálisis en el cual duré 9 años. Hoy escribo esto y me queda una sesión más para cerrar este espacio con ella. Porque el análisis no se acaba nunca, ese es para toda la vida.

Mis años en análisis me hicieron pensar en el vestidor de un futbolista. Le platiqué a mi padre, Luis García Postigo, la idea de que las sesiones que tuve con mi Ana Mari se podrían comparar con los vestidores, en los cuales estuvo durante un largo rato de su vida. Le pregunté ­­“Pa, ¿qué significa el vestidor para el futbolista?” A lo que el me respondió: “El vestidor le pertenece en exclusiva al jugador. Era un sitio muy nuestro. Un estilo de refugio al cual nadie tenía acceso. Te sentías protegido y cómodo. Ahí podías desnudarte, no sólo físicamente, sino emocionalmente. Era el lugar en donde bajabas la guardia”.

A pesar de que aprender a ser una jugadora de la vida no ha sido fácil. Reconozco que me ha faltado voluntad, valentía y sinceridad. He dependido mucho de mi equipo y he querido que el entrenador haga todo lo posible para que no me lastime; que mi equipo me anime cuando perdemos el partido; que los analistas me ayuden a entender el juego; y, sobre todo, he sido mi más grande contrincante.

Cuando me invitaron como colaboradora para A Nivel de Cancha me dio mucha ilusión poder compartirme a través de mis palabras. Para mí escribir se ha vuelto una forma de habitar en el mundo. Es un no morir. Escribir es personificarse, vivir otras vidas, acercarte más a ti mismo y atreverte a pensarte desde otra perspectiva. Es rendirte ante la página en blanco; es desnudarte ante las letras que te escriben.

En poco tiempo se acaban los años de entrenamiento. Me toca poner en práctica todo lo que he aprendido. Espero que el juego que me toca vivir sea enriquecedor y al mismo tiempo retador. Espero jugarlo alegre y feliz de estar viva. Hoy camino de mi mano y confieso que todo ha valido la pena.

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