No les puedo mentir, extraño la sensación de despertarme en fin de semana y poder ver a mi equipo. La emoción de apoyarlos, de festejar un gol, hasta extraño la sensación de saber que les está yendo mal pero aun así seguir con ellos.

En estos tiempos de crisis creo que todos extrañamos algo que tomábamos por “hecho” y, la seguridad de saber que siempre estaría ahí. Pero al hacer la investigación acerca del mundo del deporte, analizar y escribir artículos me di cuenta de una cosa; los deportes ilusionan. Crean una ilusión que nos hace ver a deportistas extraordinarios como héroes del día a día, cuando realmente son tan humanos como nosotros.

Los artículos deportivos como las noticias diarias prometen una cosa, y es que regresaremos, pero ahora pienso que tal vez regresaremos diferentes, y sin tomar algunas cosas por sentadas. Aprenderemos a festejar un poco más, pero también a tomar la derrota como algo pasajero de lo que siempre se sale. Creo que ya no veremos solamente a los deportistas como los únicos héroes y nos daremos cuenta de que esas cualidades magníficas que tanto admiramos están en nuestros doctores, en nuestras enfermeras, en las personas con las que trabajamos y en nosotros mismos. Tal vez el acontecimiento que estamos viviendo nos haga comprender que, aunque no le vayamos al mismo equipo o que no veamos los mismos deportes, sepamos que al final todos somos parte del mismo equipo.

He visto tantos actos de generosidad y sacrificio, nuevos líderes tomando la batuta, que creo que a todos no nos queda otra cosa más que pensar en cambiar en ser un poco más humanos y, más héroes.

Sí, todo está aplazado, y nadie sabe cuánto tiempo más tiene que pasar para que podamos ver un balón rodar por el pasto, escuchar a un narrador emocionarse al ver campeón a un tenista, o reunirnos otra vez para ver la final del beisbol. Pero tal vez cuando lo volvamos a hacer, lo hagamos con más calma, y lo disfrutemos un poco más.

Los deportes son lo más importante de lo menos importante porque a través de cuatro cuartos o noventa minutos, nos unen y nos hacen sentir como nos hemos sentido durante la cuarentena: humanos, con sueños, ilusiones y ganas de triunfar.

Hoy me despierto con la misma ilusión con la que veo a mi equipo cada fin de semana, con ganas de verlo ganar, animándolo hasta al final, apoyando a cada jugador, y aceptando la derrota que estamos viviendo con la promesa de que algún día todo esto será solo eso un agrio recuerdo que nos llevó a festejar un triunfo como ningún otro en la historia.