fbpx

MUERE DIEGO ARMANDO MARADONA

MUERE DIEGO ARMANDO MARADONA

Diego Armando, el Diego, el Diez. En tu nombre llevabas ya un indicio de tu grandeza.

Diego, pudiendo ser Santiago, Jacobo o Jaime, dado que provienen del mismo nombre, tus padres eligieron Diego. Lo más cercano a tu número eterno, el diez. Tú definiste ese número. Después de ti, todo creativo, el cerebro y quien teje los hilos del juego quería ser el diez. Es claro que el número se ha prostituido, que ya no hay jerarquía para portarlo, pero tú eres el diez por antonomasia. Tuvo que venir otro argentino a revalorizarlo, un tal Lionel Messi.

Armando, siempre estuviste armando el juego de los equipos donde jugaste, especialmente con la albiceleste. Esa mágica zurda tan privilegiada lució en clubes de Argentina, España e Italia a lo largo de 21 años. Y esa zurda armó los juegos con los que Argentina se consagraba en México como campeona del mundo. Porque esa zurda armó el gol que hizo que te bautizaran como “Barrilete cósmico”, dejando a media selección inglesa tendida. Tú solo armaste el “Gol del siglo”.

Maradona, tu apellido tiene un origen incierto, seguramente de las Curvas de Maradona, en Lugo, España. Un pueblo pequeño, pero con título heráldico. Y así fuiste tú, saliendo de un equipo pequeño, el Cebollitas, y debutando en Argentinos Jrs., para convertirte en un caballero, el cual iba a la vanguardia de la “Armada” Argentina. Gracias a ti, la “Guerra de las Malvinas” se ganó en el campo de batalla verde, y encumbraste a un club modesto como el Napoli, venciendo a potencias como la Juventus y Milan, que eran los gigantes de Europa.

Sin saberlo, todo tu nombre llevaba grandeza, esa grandeza que demostraste en el campo de juego, que hizo deleitar a millones de personas a lo largo de tu carrera. Pocos equipos, pero en los que lograste grandes cosas.

Argentinos Juniors te debutó a los 16 años. Desde ahí se notaba que eras un jugador distinto. Fueron cinco años donde te llevaste los reflectores, los cuales nunca te molestaron. En 166 partidos, anotaste 116 goles y repartiste 65 pases para gol. Números impresionantes para tus escasos 20 años, era obvio que un grande iría por ti. Y quién más que Boca.

Con los xeneizes duraste sólo un año. Te bastaron 40 partidos y 28 goles para enamorar a Boca, con un título de liga; y a los argentinos, quienes ponían sus esperanzas para conquistar España con la albiceleste. Si bien el mundial fue decepcionante para tu país, Barcelona puso los ojos en ti y te hizo brincar el charco.

La ciudad condal fue tu presentación en el viejo continente. Fueron sólo dos años y muy pocos partidos, 58. Pero 38 goles y 24 asistencias ayudaron a ganar tres trofeos y maravillaron al país ibérico y al mundo. Eras un fuera de serie, lo sabías y te encantaba mostrarlo en la cancha. Entre la hepatitis y que Goikoetxea te reventó el tobillo, estuviste muchos meses fuera, que nos privó de ver tu magia con los culés.

Pero no era en Cataluña tu cumbre, sino parte de tu declive ya que, como tú mismo comentaste, fue donde inició tu relación con las drogas. Tuvo que llegar un modesto club, el Napoli, el cual te convenció para irte con ellos. Tras obtener tu sanción de tres meses por pelearte con Sola, la mejor manera de seguir jugando era cambiando de país. Un San Paolo repleto te recibió, como premonición de lo que estaba por venir.

Siete años de un romance que parecía el matrimonio perfecto. Napoli estaba hecho para ti y tú para el Napoli. Fueron 259 partidos donde anotaste 115 goles y repartiste 77 asistencias. El equipo pequeño dejó de serlo a tu lado, entrando cinco temporadas seguidas a torneos europeos.

Pero fue 1986 tu año más importante. Calificaste por primera vez a Europa con tu equipo, y viniste a México por tu objetivo máximo: Ser el campeón del mundo. Y de qué manera lo conseguiste. Victorias en la fase de grupos ante Corea del Sur por 3-1 y Bulgaria por 2-0. Empate ante la poderosa Italia 1-1 con gol tuyo y el pase a octavos de final. Derrotando por la mínima al acérrimo enemigo Uruguay, y en ese momento apareciste glorioso. Los cuartos de final te hicieron enfrentar a Inglaterra, partido en el cual tocarías tu punto más alto. Barrilete y Mano de Dios. Maradona 2-1 Inglaterra.

Bélgica fue tu víctima con un doblete en semifinales. Maradona 2-0 Bélgica, y estabas a un partido de la gloria. Tu último rival, la siempre potente y favorita Alemania Federal. El 29 de junio de 1986 fue la fecha de tu cita con el Olimpo del futbol. Aunque no metiste gol, fuiste el líder albiceleste todo el encuentro. Y un pase tuyo a Burruchaga al 85’ dio el 3-2 definitivo. No había más: Argentina, campeón del mundo. Diego, campeón del mundo. El mejor jugador del planeta levantaba el trofeo con su selección.

A partir de ahí, estallaste en tu club, conquistando la copa de la UEFA en 1989. Tomaste a tu Napoli y lo pusiste en la cima de Europa. Además, ganaste dos títulos de serie A, algo impensado hasta el momento para Gli Azzurri, en 1987 y 1990.

Un penal en la final de Italia 1990 te privó del bicampeonato mundial. Nadie pensaría que, tras ese mundial, comenzaría tu declive.

El 17 de marzo de 1991, darías positivo por cocaína, alejándote de tu “casa”, el campo de juego, por quince meses. Buscando un club que no tuviera tantos deseos de éxito deportivo, algo curioso en ti, te acomodaste en Sevilla. Fue un año turbio, que incluso hizo que pelearas con Bilardo, y que significó tu fin en Europa, en 1993.

Estados Unidos 1994 fue tu cuarto y último mundial, el más triste de todos. Como tú mismo lo dijiste, “Te cortaron las piernas” después de dar positivo en un antidoping por cinco sustancias que, según se ha dicho siempre, fue por una bebida energética. ¿Fue tu culpa? No lo sabemos, pero el positivo estaba. Así, dejabas a la albiceleste para siempre, en una despedida que nunca tuvo que ser.

Volviste a tu país natal y fueron Newell’s Old Boys y Boca Juniors tus últimos equipos. Así, un 25 de octubre de 1997 jugarías tu último partido con los xeneizes, jugando 45 minutos y siendo reemplazado por Juan Román Riquelme. Después de eso, tú dijiste no más.

Tu carrera como técnico no se asemejó a la de futbolista. Mandiyú, Racing Club, Argentina, Al-Wasl, Al-Fujairah, Dorados y Gimnasia y Esgrima de la Plata. Fuera de tu selección, clubes de medio pelo. Jamás pudiste obtener algún título como técnico. Pero es que tu éxito estaba dentro del campo, no fuera. Tu romance era con la pelota, y sólo con ella podrías ser feliz.

Te vas a los 60 años, siendo vencido por un paro cardiorrespiratorio. Siempre viviste como quisiste, con excesos y errores, pero siendo tú. No soy quién para juzgarte por tu vida personal. Lo único que puedo agradecer es toda la magia que derrochaste en los campos de juego. El futbol mundial no se concibe sin ti.

Diego Armando Maradona, pequeño de altura, pero enorme en el campo. Todo el mundo del deporte te extraña ya. Dejaste un legado imborrable y por éste serás una leyenda eterna. Seguramente portas ya la 10 en el cielo. Descansa en paz, esa paz que tanto necesitaste.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *