“[…] ser paciente ante todo aquello que aún no está resuelto en su corazón. Esfuércese por amar sus propias interrogantes […]”

Rainer Maria Rilke

Navegando entre el viento; en medio de la inmediatez; el vacío lleno de ruido, se escucha un susurro, casi hueco, lento y calmo, va tomando fuerza conforme lo nombro, su forma se hace la mía y por fin me pregunto, ¿quién soy?

Nos podemos identificar con algunas características físicas, emocionales e intelectuales. Pero, ¿qué pasa cuando se acaba lo de afuera y nos quedamos solos? A lo largo de mi vida, no sé si es mucha o poca, me he hecho esa pregunta. No soy muy alta, mi tez es blanca, a veces un tanto amarillenta y tengo los dedos de los pies muy grandes para mi tamaño. No sé si eso me defina, me delimite o realmente eso sea lo que soy.

Me atrevo a enunciar que es complicado responder esa pregunta, primero porque está mal planteada y segundo porque encasillarnos sería quitarnos profundidad, extrañeza y misterio. Por lo anterior, me atrevo a decir que los seres humanos somos un abanico de posibilidades y dentro de esas posibilidades tenemos un centenar de posiciones (ante la vida) que guiarán nuestra manera de jugar.

La vida nos irá presentando diferentes partidos y es necesario que aprendamos a jugar de diferentes maneras. Lo primero y más importante es tener una visión completa del partido. Es obligatorio que podamos vernos desde la perspectiva de “DT”. Al haber hecho lo anterior entonces es momento de contactar con nuestras posibilidades.

Habrá partidos que logremos vencerlos en los 90 minutos de juego y otros que será inevitable llevarlos a tiempos extra e incluso a penales. Tu delantero, tu contención, el extremo derecho o izquierdo, son tus maneras de enfrentarte a la vida. A diferencia de la cancha, en la vida, tenemos el juicio de determinar de qué posición queremos jugar.

Seguramente nos desenvolveremos mejor en una posición que en otra. Qué bueno que tenemos toda una vida para desempolvar a nuestros jugadores internos y las posiciones menos exploradas. No podemos atacar siempre de la misma manera. La vida es movimiento. Nos exige estar en constante calentamiento para dominar más y mejor las nuevas jugadas.

Y, a lo mejor la vida será una insistente preparación para encontrar la mejor posición para enfrentarnos a todas las batallas y juegos que jugaremos. Teniendo en cuenta que nunca será el definitivo, porque todo cambia.