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SIN TÍTULO (NO TE PUEDO NOMBRAR)

[…] Estamos solas

y nos pertenecemos.

En nosotras está el poder

Somos un pueblo de almas

en rebeldía

¡Despertad!

Lo que escribo aquí

se traza en el aire

el dolor es la senda

el dolor es el medio

por el dolor la fuerza

que combate el dolor

y lo transforma

por el dolor deshago

mi dolor en lo ajeno

y el ajeno en el mío […] – Chantal Maillard

 

El problema radica en cómo construimos la realidad. Construimos una realidad para unos cuantos. Decidimos que la existencia era mía o tuya, pero no de todos y para todos. Creo que es momento de cambiar…

Hace algunos meses, me sentía total y completamente ajena hacia el tema de la perspectiva de género y lenguaje incluyente. Los meses de confinamiento los he usado para reflexionar. Para cuestionarme. A mí y al mundo que me rodea. Al por qué que se esconde detrás de cada acción, de cada idea, de lo que verdaderamente me mueve. Medité sobre mis deseos y mis miedos. Sospecho que he llegado a una conclusión: la vida no es A o B. Blanco o negro. Hay más, mucho más.

Los patrones culturales que, debido a una repetición inconsciente, se han sistematizado nos contaron la historia de que hay un centro dominante y que de ahí se desprende la vida. Narciso y luego existo. El problema comenzó cuando a través del conocimiento de nosotros mismos y la experimentación de nuestra propia vida, caímos en cuenta que nos habían cerrado el camino. El mundo era binario. Nuestras posibilidades se habían limitado.

Yo no soy mujer simplemente por mi sexo biológico de nacimiento. Yo no soy mujer porque me pinto las uñas, tengo el pelo largo y a veces, uso tacones. Yo me he construido como mujer y lo seguiré haciendo a lo largo de mi vida. Yo encontré un lugar en el mundo. Encontré placentera la construcción social de lo femenino. ¿Dónde quedan les muches que no han encontrado su lugar? Escribir es pensar. Tenemos en nuestras manos la posibilidad de abrir campos o cerrarlos aún más. Somos privilegiadas y privilegiados los que hemos encontrado una conexión con el género que nos fue asignado por nuestro sexo biológico.

El coronavirus nos recordó que el mundo es de todes. Qué complicado es caer en cuenta de que hay un mundo más allá de mi nariz. Yo no pido que te identifiques con mi manera de pensar. Lo único que he querido señalar es la importancia de deconstruir la idea de un centro dominante y de socorrer a todos los seres humanos que están buscando su lugar.

Es hora de comprobar que hay muchas maneras de meter un gol. Tal vez, para lograrlo, es necesario buscar el tiro de esquina. O quizá, es inevitable retrasar el balón para generar un cambio de juego. Seamos el cambio y juguemos.

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