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VIVIR

VIVIR

Varío cuanto me place y me entrego a la duda y a la incertidumbre, y a mi manera habitual que es la ignorancia.

Michael de Montaigne

 

La imposibilidad de la escritura. Querer decirlo todo; lograr lo mínimo. Tal vez nada. Ideas entrelazadas, confundidas, contaminadas. Agotar las palabras; su fuerza y significado. Buscar sinónimos y en su defecto, antónimos. Definir, delimitar. Comenzar con lo que no es, para entonces saber lo que sí es. Pero, ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Un boceto. Eso significa vivir.

 

Trazar caminos. De eso se trata la vida. Y el juego, cualquiera que éste sea. Entregarse a la duda y a la incertidumbre. Podemos creer saberlo o sentirlo, pero si no hay entrega no hay nada. Sin aceptación: nada. Hay vida porque existe la muerte. Por lo anterior, la importancia de abrazar todas las posibilidades. ¿Se necesita práctica? Sí, mucha. No resulta sencillo caminar sin saber dónde pisas. Pero la certeza no existe. Así como la eternidad dura unos cuantos segundos.

 

Nombramos las cosas con la intención de ser dueños de algo. De sentirlas nuestras y cercanas. Queremos pretender que no todo nos es ajeno. El lenguaje construye realidades. Y en eso estamos. Descubrimos que no hay nada más subjetivo que la objetividad misma. En palabras de la poetisa argentina Susana Thénon, las palabras huelen a viejo, las ideas a cadáver antiguo. Es momento de nombrar lo innombrable. De hacernos de nuevo, pero mejor.

 

A pesar de que sigamos con el afán de apropiarnos de todo; de llamar azar o destino, causalidades o casualidades, esbozo o vida. Palabras hay muchas y sus significados, infinitos. Prueba y error. Algunos nos sabemos vivos, otros tienen el don y el poder de sentirlo. Nada es suficiente. Siempre existirá otra posibilidad, más cercana, tanto que se sentirá certera. De pronto, otra realidad. El lenguaje es inagotable porque nunca es tan perfecto como debería o tan nuestro como quisiéramos.

 

Nosotros los que escribimos buscamos caminos. Ustedes, los que juegan ya lo han entendido todo. Al final, todo es un juego y la vida una fiesta de disfraces. Lo que sentimos nuestro es prestado. Hasta las palabras. Hemos descubierto el hilo negro, ¿o no? Tal vez ya lo sabíamos, pero lo habíamos olvidado.

 

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